Johan y mamá
El tiempo que tiene vida propia e infinita, se las va llevando, a veces sin aviso previo ni perdón. El tiempo, al que no le pasa el tiempo, sigue siempre ahí, firme, para que en cualquier momento, tarde o temprano, nos aseste el golpe final.
Han pasado17 años ya desde aquel triste y desolador 26 de mayo de 2005. Ese triste día, esa cruel tarde, esa fatídica noche, en que sin previo aviso ni premoniciones, te fuiste dejándonos en una enorme tristeza y gran vacío.
Quisiera poder, como al leer un libro, volver las páginas hacia atrás, retroceder una, otra y mil veces más a los momentos, a los días, a los 18 años que tuvimos contigo y que estuviste entre nosotros.
Muchas cosas han pasado en este mundo, mucha gente se ha ido, tal vez se encuentren en algún lugar, de alguna forma.
El mundo ahora mismo no es seguro ni feliz. Estamos en guerra una vez más. Desde el 24 de febrero, entre Rusia y Ucrania, no solo entre ellos, de alguna forma en el mundo entero, porque el que no piense que todo cuanto pase en cualquier punto de la tierra no nos concierne o no tiene consecuencias mundiales pertenece al grupo de los grandes egoístas que creen que el mundo gira tan solo a su alrededor.
Evolucionan tantas cosas, pero nosotros no.
La naturaleza del ser "humano", y por eso, cuando leo y oigo las noticias, pienso siempre, en lo más profundo de mi ser, en que tú, mi niño, que hoy serías un hombre de 35, estás a salvo de toda esta incertidumbre y de todos estos conflictos.
Me alegra saber que tuviste una vida plena, no te faltó nada, la aprovechaste al máximo y no tuviste que pasar por una guerra que es una de las calamidades más terribles de la tierra.
En mi egoísmo de madre, me tranquiliza eso, tal vez una forma de engañarme, pero, a pesar de todo una gota de bálsamo en este gran dolor, mi niño de siempre, tu mamá de siempre.




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