UN DÍA QUE NO DEBIÓ HABER SIDO
Este desdichado día, 26 de mayo hace ya 13 años, es un triste día que quisiera borrar de mi mente.
Un desafortunado día que no debió haber sido.
Ese horrible día en que te perdimos.
El tiempo sigue pasando, no se detiene, pero se repite constantemente.
Siguen habiendo 26 de mayos, que nos seguirán recordando ese terrible 26 de mayo de 2005.
13 años hace ya.
Cada 26 de mayo reviven todos esos dolorosos recuerdos, todo ese profundo dolor, enorme angustia, y eterno vacío que quedó marcado para siempre en nosotros, en tu padre y en mí.
Esa sensación de final del mundo, esa sensación de que todo terminó, de que ya nada, absolutamente nada tiene importancia.
Me preguntaba entonces, por qué el sol seguía brillando, los pájaros trinando y la televisión andando, si tú ya no estabas.
Todo era incomprensible, nada tenía lógica.
El mundo era para ti y tú eras nuestro mundo.
Y de repente para mí el mundo se detuvo.
¿Quién puede entender que un joven sano, fuerte, vigoroso, lleno de ideas, de intereses, ávido de vida, en un segundo deje de existir?
Incomprensible entonces, igual de incomprensible ahora, inaceptable entonces, igual de inaceptable ahora.
Jamás, jamás lo aceptaré, y estarás eternamente con nosotros, no como deberías haber estado, sino en nosotros, dentro de nosotros.
Seguirás siendo mi eterno niño, y yo tu eterna madre.
El mundo siguió fuera de mí, el mundo sigue ahora, y yo tengo que seguir, pero ya nada es igual, ya nunca lo será.