Hoy, un día de otoño, me decido a escribir sobre ti y para ti. Cinco años hace que no te veo, que no oigo tu querida voz, ni tu risa, que no siento tus abrazos.Tu amplia y hermosa sonrisa me hace falta, todo tú me haces falta, por eso hijo mío, hoy te busco, hoy te escribo...

måndag 30 januari 2012

HOY, HACE 25 AÑOS, LLEGASTE A NOSOTROS...

Dieciocho años juntos, tantos meses, tantas semanas, tantos días, horas, minutos, segundos de vida compartida que en un fatal momento nos arrebataron de tajazo.
Hace 25 años, un viernes 30 de enero, un minuto después de las 10 de la mañana llegaste a nosotros.
Quiero recordar hoy y dejarlo aquí, para que no haya riesgo de olvido, cada momento de tu llegada. Quiero recordar.
Estaba planeada una cesárea para febrero, con fecha exacta. Yo estaba algo triste y decepcionada, quería que vinieras cuando tú lo quisieras, cuando fuese la hora.
Fue un invierno de lobos como se dice aquí, en Suecia. Tuvimos muchos días con temperaturas bajo los veinte grados. Vivíamos Peter y yo en Örebro, en Jakobsgatan 8, si mal no recuerdo. Ya me corregirás Peter, eres mejor que yo para fechas y números.
Yo trabajaba de profesora de español en varios círculos de estudio. La noche del 29 tuve clases hasta tarde en la noche, Peter tuvo emergencia. Vivíamos bastante central y al terminar la clase, me fui a pie a casa. Creí que se me iba a caer la cara en pedazos, hacía un frío intenso y un viento helado que con los veinte grados bajo cero, parecía Siberia, recuerdo que pensé en la película de Zhivago.
Esa noche sentí dolores fuertes. Al amanecer, justo al Peter salir de la ducha, pinchó Johan el balón. Teníamos instrucciones de que si pasaba algo llamásemos a la ambulancia. Johan, se había volteado unos días antes y no hubo manera de que cambiara, él quería venir con los pies bien puestos en la tierra y no de cabeza...
Peter, que a pesar de ser doctor se puso muy nervioso y comenzó de pronto a ir del baño a la habitación y de ésta al baño, para darme toallas creo, no sabía qué hacer....Llama, le dije.
Yo pensaba que me iba a congelar cuando me sacaran en pijama. En la ambulancia Peter les repetía una y otra vez, no puede pasar nada, no puede pasar nada, tiene que salir bien...Ellos, lo calmaban, no va pasar nada, no va a pasar nada. Quién iba a pensar que pasaría 18 años más tarde....Pero entonces, tenímos todo lo más hermoso que hicimos por llegar.
Ya en RSÖ, el hospital de Örebro, me preguntaron si me importaba que un grupo de estudiantes mirara todo.....Entre fuertes dolores, sin gritos, pero sintiéndome algo engañada de que nadie me hubiese contado lo terriblemente fuerte de esos dolores, dije que sí, para al instante, pero ya demasiado tarde, en los momentos de menos dolor, haberme arrepentido al tener un grupo de 10-12 jóvenes estudiantes mirando bajo la intensa y cruel luz de hospital cómo la enfermera, yo de piernas abiertas, me tocaba para decir que ya estaba por salir, que tenía un piecito ya casi afuera y la anestesia que no me cogía...
Siempre he sido dura para la anestesia, cuando dijo que ya me tenían que meter, yo aún sentía en las pruebas que el anestesiólogo, colega de Peter, me hacía....
Entré a la sala de quirófano muerta de miedo, porque además pedí anestecia local, yo quería estar despierta cuando mi hijo viniera al mundo, temblaba de pies a cabeza pues pensaba que iba a sentir como ese cuchillito me iba a cortar el vientre...Tenía al anesteciólogo y a Peter de lado y lado agarrándome de los hombros para calmar el temblor y tratando de tranquilizarme.
Oía lo que la cirujana, que fue una mujer decía, y oí cuando dijo, es un niño, y al instante oí a Johan...Fue hermoso, sentí de inmediato una ternura inmensa, y cuando me lo mostraron, lo tenían boca abajo y me lo pusieron un ratito al lado de mi cara, yo dije, qué largo es.....cuando en relidad era muy pequeñín....Me lo acostaron sobre mi pecho y sentí su cuerpecito cálido y húmedo contra mi, qué indefenso y qué chiquitito, ese, nuestro hijito, una mezcla de ambos, una parte de mí...
Pesaste 2230 gramos y medías 44 cm, tu cabecita tenía 32,5 cm. A los 18 años medía metro ochenta y dos y pesabas algo más de 2230 gramos.
Luego me comenzaron a coser.....y ahí sí que sentí un dolor enorme...ya la anestecia no era suficiente pero me dijeron, ya que aguantaste tanto, no vale la pena dormirte ahora...
Las horas más solitarias , largas y tristes fueron cuando sola, en un cuarto, esperaba mientras Peter y las enfermeras bañaban a Johan y harían todo lo que se debe hacer con un recién nacido. Yo no ansiaba más que ver, sentir y tener a mi lindo bebito conmigo...
Me lo trajeron todo envuelto y con un gorrito blanco para que mantuviera el calor, todo le quedaba inmenso, él, que había venido al mundo cuando él lo quiso y un poco antes de tiempo, era tan chiquitito, parecía un muñequito. Se demoraron porque lo habían metido en una incubadora para que no perdiera calor. Yo lo miraba y lo miraba y lo miré durante los 18 años que lo tuve.
Sus manitas y piecitos eran diminutos, todo calentito, todo era hermoso, los ruiditos que hacía, cuando nos miraba fijamente como para reconocernos...
En ese entonces había un lugar en Örebro, donde las madres que tenían partos complicados o cesáreas podían recuperarse y recibir ayuda. Creo que se llamaba Erikbergsgården...Fue muy bueno, porque yo, con una herida vertical de casi 10 cm en el vientre, pensaba que nunca más en mi vida iba a poder reírme, toser o moverme sin que me doliera hasta el alma. Las enfermeras se llevaban a Johan de noche y me lo traían siempre ya cambiado y comido, menos cuando Peter estaba ahí pues él hacía todo. A Peter casi lo regañaron porque se quedaba conmigo y con Johan hasta muy tarde en la noche y decían que la idea era que yo descansara y durmiera bien pero no era fácil estar alejado de ese pequeñito gran milagro. Yo por mi parte no quería que se lo llevaran y como cuando Peter venía podía atender a Johan, era fantástico, fue un tiempo inolvidable.
Ha sido hermoso tenerte Johan sólo quisiera tenerte aún.....