Hoy, un día de otoño, me decido a escribir sobre ti y para ti. Cinco años hace que no te veo, que no oigo tu querida voz, ni tu risa, que no siento tus abrazos.Tu amplia y hermosa sonrisa me hace falta, todo tú me haces falta, por eso hijo mío, hoy te busco, hoy te escribo...

måndag 11 februari 2019

JOHAN SIGFRIDSON ÁLVAREZ...FELIZ CUMPLEAÑOS

Tú y yo, recogiendo fresas.
Cumpliste el 30 de enero, hubieras tenido entonces 32 años, todo un hombre.
No quiero escribir porque sí, lo hago cuando lo siento, y aunque lo siento en muchas otros momentos, se pasa la ocasión y no siempre lo puedo hacer.
Por eso, escribo hoy, contigo aún más cerca, ya que anoche soñé contigo y estuvimos juntos.
Trabajé este 30 de enero, contigo en el pensamiento. 
Después del trabajo, nos reunimos tu papá y yo, Peter, que siempre mantiene la llama viva, y la luz donde estás...
 
Tu nombre, Frans Johan Sigfridson Álvarez, un ejemplo del sincretismo con el que supiste convivir ambas culturas con respeto y amor. Te adaptaste sin problema a las dos culturas y las vivías con sentimiento y orgullo.
A tus profesores y amigos, les contabas de Colombia, de las frutas, del clima...y cuando estabas allá, te sentías en casa.
Nunca te quejaste de nada, ni del calor, ni de los mosquitos, que te atacaban sin piedad, lo disfrutabas todo al máximo. 
Inclusive la última vez que estuvimos juntos, ya en edad de sacar algunas propias conclusiones y reflexiones de tus visitas allí.
La comida te encantaba, a veces hacíamos aquí en Suecia algunos platos colombianos.
Hablabas español sin problema e hiciste propios amigos con unos jóvenes vecinos de la abuela, con quienes te escribías por internet.
Te gustaba viajar, y los hicimos mucho, todos juntos en muchas ocasiones.
Disfrutabas todo, el avión, la comida, la gente...desde pequeñito fue fácil viajar contigo, siempre te adaptabas, sin quejarte de nada, mi compañero de viajes, ¡me haces mucha falta!

EN MIS SUEÑOS...

Resultado de imagen de SUEÑOS NOS HEMOS ENCONTRADO OTRA VEZ...
Anoche estuvimos juntos. 
Dormíamos en la casa blanca antigua de mi niñez, en el cuarto donde yo dormía, creo, y teníamos frío los dos.
Me había despertado en el sueño, porque tenía frío, y tú, que dormías a mi lado lo hiciste también porque también tenías frío.
Te comencé a masajear las piernas, los bracitos...estabas de cuatro o cinco añitos y tenías los pies muy fríos.
Entonces te levantaste y prendiste la calefacción portátil...no ayudaba nada, acostumbran ser bastante efectivas esas calefacciones eléctricas, pero esta vez, nada...
Luego apareció Peter, con una manta de esas todas suaves que parecen un oso polar, y que son muy efectivas también...
Nos dijo que nos tapáramos con ella porque así nos calentaríamos.
No recuerdo más...solo siento que estuvimos juntos y la sensación de tenerte pequeñito durmiendo a mi lado, como tantas veces lo hicimos.
Tu cuerpo calentito, tu respiración pesada de sueño infantil, me encantaba.
A veces, aún de mayor, te pasabas a nuestra cama cuando tenías pesadillas. Cuando tu papá viajaba dormías conmigo.
Recuerdos, recuerdos que, aunque no estés presente en este mundo, han quedado para siempre en nuestra mente y en nuestras memorias, recuerdos en nuestros cuerpos y en nuestros corazones.
Sigues conmigo mi Johan, con nosotros, hermoso niño querido, desde el momento de tu llegada, hasta que nos toque a nosotros dejar este mundo, y entonces, tal vez nos reencontraremos de alguna otra forma, en otra dimensión.