Hoy, un día de otoño, me decido a escribir sobre ti y para ti. Cinco años hace que no te veo, que no oigo tu querida voz, ni tu risa, que no siento tus abrazos.Tu amplia y hermosa sonrisa me hace falta, todo tú me haces falta, por eso hijo mío, hoy te busco, hoy te escribo...

onsdag 30 januari 2013

CUANDO LEO UN LIBRO...

PUEDO, CUANTAS VECES QUIERA VOLVER LAS PÁGINAS ATRÁS, RELEER Y ASÍ VOLVERLE A DAR VIDA A PERSONAJES A QUIENES HE TOMADO AFECTO.

Cada vez que es doloroso y triste en un libro la muerte de algún personaje con quien me he encariñado, vuelvo las páginas atrás y releo cuando aún hablaba, pensaba, lloraba o reía y de ese modo le doy vida de nuevo para hallar consuelo. Las páginas tristes por el contrario las leo tan sólo una vez.
Hoy cumplirías 26 años Johan mío y volver atrás para recordar los dulces momentos de tu llegada no es tan duro, es una fuente de alegría, dulzura y energía recordar todos esos momentos. Es, como si todo fuera a empezar de nuevo y tuviéramos todos esos años juntos por delante otra vez, como si pudiéramos volver a repetirlos, como si al igual que hago con los libros, volviera a darte vida y te veo sonriendo, hablando, riendo...
No fueron suficientes los años que pasamos juntos, nos faltaban muchos por compartir, de diferentes formas lo sé, tú ya un hombre, tal vez con pareja y niños propios, te encantaban los niños, pero igual seguiríamos compartiendo muchas cosas, también lo sé. Hablábamos mucho y me contabas cosas tuyas. Una vez, ya mayorcito, me contaste algo y de cómo te sentías, era de noche y estabas en mi cama. Recuerdo que hablamos largo y te expliqué lo mejor que pude y te reafirmé que eras un chico muy bueno y con un gran corazón. Me contestaste: mamá, estoy tan contento de que tú seas mi mamá y de haber hablado contigo, me siento mucho mejor, nos abrazamos muy fuerte y largo. No lo olvidaré jamás. Estábamos muy unidos y teníamos muy buena comunicación, quisiera que como en los libros, pudiésemos volver atrás.

lördag 19 januari 2013

LLEGASTE A NOSOTROS EN...

UN FRÍO Y AZULADO AMANECER DE ENERO.
Como una semillita te fuiste formando dentro de mí para luego retoñar, después de casi nueve meses, aquel frío amanecer del 87.
Llegaste a nosotros esa mañana de enero envuelto en ropas muy grandes, tu gorrito blanco cubría casi tus pequeños ojitos cerrados. Eras un precioso paquetito blanco y rosado, calentito, blando, muy suave, oliendo a caramelo y a vainilla.
Abrías los ojos y nos mirabas concentradamente desde tu lejana pequeñez. Nos sonreías entonces, los médicos decían "reflejos" , nosotros, "tiernas sonrisas" dedicadas a nosotros, a tus padres, lo sabíamos, lo sentíamos, cómo no saberlo si ese lazo que empezaba en mi vientre, crecería y crecería hasta la eternidad. Aún existe, ahí estará toda la vida, hasta el día en que nos reencontremos, tal vez en Tir 
n´a Noir...
El encanto era recíproco, nos hipnotizabas con tus concentradas y silenciosas miradas, como si quisieras siempre decirnos algo. Nos deleitábamos con tus dulces sonrisas, con tus pequeños ruiditos, que aún no eran gorjeos, con el dulce olor que emanabas. Y tú, te sentías feliz con nuestras caricias, con nuestros tiernos besos y cuidados. El tiempo no existía, sólo tú. Los segundos, los minutos y las horas pasaban pero no para nosotros, mucho menos para ti. Nos regalabas
 constantemente ternura y alegría y nos cargabas de una fuerza y energía inimaginable, por ti cambió el mundo, por ti, sólo por ti cambió nuestro mundo.
Tus manitas diminutas, al igual que tus piecesitos, todo tú, milagro en miniatura, eras dueño sin saberlo de un gran poder. El poder que ya ejercías en nosotros y que aún, aunque no estés aquí, sigue haciéndonos sobrevivir.
Duerme grandioso retoñito de sauce mío. Aún estás con nosotros. Descansa.