Hoy, un día de otoño, me decido a escribir sobre ti y para ti. Cinco años hace que no te veo, que no oigo tu querida voz, ni tu risa, que no siento tus abrazos.Tu amplia y hermosa sonrisa me hace falta, todo tú me haces falta, por eso hijo mío, hoy te busco, hoy te escribo...

söndag 12 oktober 2014

EN ESTOS DÍAS LLOROSOS DE COMIENZOS DE OTOÑO...

te pienso más que nunca mi Johan. 
No es soledad lo que siento. No estoy ni me siento sola. Me haces falta tú, hijo mío, mi soledad es tu ausencia.
Comienza un otoño tardío, y con él las castañas marrones, tus castañas, las hojas amarillas y la llovizna incesante.
Este tiempo me hace pensar aún más en tí y en tu falta Johan, mi querido Johan.
Cuántas veces he pensado, si tan sólo tuviera a Johan, si tan sólo tuviera a mi Johan de nuevo...
Nada es completo sin ti, nada, nada en absoluto.
Hace poco escuché en uno de los programas de la radio, Filosofiska rummet, donde se discuten temas filosóficos, una discusión sobre quién sufre más, si el que se queda, o el que se va. Un poco absurdo me pareció y me parece aún, ya que mientras no sepamos con certeza qué sucede después de la muerte, es siempre el que queda el que sufre. Y aún cuando haya quienes creen en un algo después de la muerte, sufren también, se sufre la pérdida y la ausencia de esa persona querida. De esa persona a quien no podremos mirar, ni nos mirará más, a quien no podremos abrazar, ni nos abrazará más, a quien no podremos hablar ni nos hablará jamás, aquí, ahora...
Uno de los participantes dijo algo que yo he sentido y dicho. Uno de los mayores sufrimientos es el dolor de saber que a la persona que se va, y naturalmente entre más joven y sano peor, como fue tu caso, hijo mío, se le arrebata de golpe todo aquello que hubiera podido hacer, experimentar y vivir. Se le priva de un futuro al que como todo joven tenía derecho. Se le priva de todo. Ya no escuchará más la música que le gustaba, ya no comerá los platos que le encantaban, ya no leerá más libros ni se encontrará con sus amigos, ni...
No es sólo el dolor mío, el dolor de los padres por no tener más ese hijo, el dolor de la ausencia, al que muchos llaman egoísmo, "lloras es el que ya no lo tienes contigo, no seas egoísta, déjalo ir"... Sí, porque ellos aún tienen sus hijos, qué fácil es hablar cuando el dolor es ajeno. Pero el dolor del que yo también hablo es el dolor de saber que ese hijo no tuvo oportunidad de seguir su vida, de realizarse, de hacer todo lo que de acuerdo a la ley natural y normal de la vida le hubiese sido permitido hacer. Y en eso estoy de acuerdo con el del programa. De hecho, creo que llegaron a la conclusión de que para todos, creyentes o no, era más doloroso para el que se queda. A pesar de que la conclusión era obvia, fue interesante escuchar los diferentes puntos de vista y de cómo a través de los años ha cambiado la actitud y el comportamiento del ser humano ante la muerte.