Johan mío,
Tu estrella está en su sitio, como cada adviento, iluminándome en estos días de oscuridad.
Fue uno de los regalos más hermosos que me diste, (aparte de la paloma de cerámica que me pegaste después que tu pajarito voló y la rompió), solo por habérmelo dado tú y sabiendo que me encanta la luz...
La prendo apenas llego, es lo primero que hago...
Son muchos los momentos que pensamos en ti.
Tu papá y yo cuando nos reunimos recordamos tantos momentos contigo, a veces sonreímos, a veces las lágrimas nos invaden y otras veces reímos para volver a llorar.
Así, de la risa al llanto, del llanto a la risa, luego a las sonrisas...
Tus recuerdos, todo lo que llevamos dentro, todos los segundos, minutos, días, semanas, años compartidos como parte de nuestro ser, de nosotros mismos.
Cómo olvidarte, ¡jamás!
Especialmente te recuerdo cada Navidad, te encantaban esas fechas, todo, lo disfrutabas al máximo, con entusiasmo, con expectaciones, compartiendo momentos y ayudando en todo, a decorar, a poner música, en la comida, a prender velas...agradecido siempre por tus regalos y en especial por tus favoritos, juegos de lego y libros, siempre pedías libros.
Cuando creciste empezaste a dar regalos tú también, acertabas siempre, sabías qué regalos eran buenos y apropiados...
Johan mío, nos vamos de viaje, siempre te llevo conmigo, siempre me acompañas, nos vamos a un lugar de más luz, a buscar un sitio donde llevarte, quiero encontrar un sitio de luz y calor, donde tenerte siempre conmigo en tus fotografías, donde colgar tus dibujos, donde disfrutemos del sol y el calor, que también te hacían sentir bien y feliz.
Te gustaba Colombia y disfrutaste nuestras últimas vacaciones, todos juntos, de verano en España.
Te llevo conmigo y vamos a buscarlo...

