Hoy, un día de otoño, me decido a escribir sobre ti y para ti. Cinco años hace que no te veo, que no oigo tu querida voz, ni tu risa, que no siento tus abrazos.Tu amplia y hermosa sonrisa me hace falta, todo tú me haces falta, por eso hijo mío, hoy te busco, hoy te escribo...

tisdag 26 maj 2015

HACE 10 AÑOS HOY, 26 DE MAYO DE 2005...

era un jueves... 
Comenzabas los jueves de ese tu último semestre de primavera a las 8.00 en punto, matemáticas D, una pausa de 5 minutos y seguías con esa materia hasta las 9.55, directamente encuentro con el mentor, hasta las 10.15.
Luego nada, hasta las 12.00 cuando tenías laboratorio de física y biología cada dos semanas hasta la 13.30 y por último laboratorio de química de 13.40 a 15.10. 
Me pregunto qué harías en tus pausas, tu papá y yo en el trabajo...
Aún tengo tu horario, de ese tu último año, de mayo, cuando sólo te quedaban unas pocas semanas y uno o dos exámenes para terminar tu segundo año de bachillerato y las tan bien merecidas vacaciones. 
¿Para qué todo?
Bastante  maduro e independiente para tus 18 años. 
Eras muy responsable y cuidabas muy bien de tus estudios sin que tuviéramos que decirte nada. Todo, desde la levantada, la que ya no cuidábamos nosotros hacía rato, hasta tus tareas, los exámenes, tus clases de música, el deporte y tu participación en el consejo político de los jóvenes. 
Eras estructurado y planeabas lo que tenías que hacer, lo apuntabas en pequeñas listas donde ibas tachando lo que ya habías hecho.
Lo veía yo en los papeles donde tenías apuntado lo que harías. 
Los que tenías para el colegio y para tus actividades extraescolares.
¿Para qué?
¿Para qué toda esta responsabilidad, para qué todos esos estudios, para qué quemarte las pestañas con las tareas, los estudios,  los exámenes durante todos esos años, para qué todo, si en un segundo el cruel destino te privó de todo?
Te privó de tus sueños, de tus planes, de tus lecturas, de tu música, de tus amigos, de tus comidas, del cine, del deporte, de todo lo que un joven sano, enérgico y lleno de vida y entusiasmo hace, planea y piensa llevar a cabo, al igual que tus futuros planes de estudiar medicina...
Cuántas veces me pregunto por qué tú, por qué tú mi Johan, por qué nosotros...
Qué sentido tiene todo esto, qué sentido tiene la vida. 
Qué ilógico, qué cruel, qué falto de sentido es todo...
Para mí se acabó el mundo, hace diez años, después de esa terrible noche, todo se volvió ilógico, incomprensible, sin sentido. 
Que el mundo siguiera, que el sol brillara y los pájaros trinaran, que la gente se riera, que siguiera la televisión, la radio, que las cosas funcionaran. 
¿Cómo podía seguir el mundo si mi hijo ya no era parte de él? 
Para mí todo se paró.
Para mí no había más sol ni más música, no había más risas ni sonrisas, todo era dolor, vacío, una enorme presión en el corazón cada vez que después de dormirme a punta de lágrimas, volvía a despertarme y al instante caer de nuevo en cuenta del espantoso e irreversible suceso. 
Entonces esa inmensa tristeza me invadía de inmediato imposibilitándome de hacer cualquier otra cosa que no fuera llorar, llorar, llorar y llorar interminablemente y hasta quedar exhausta, la gran falta y ausencia de mi hijo. 
Lloré cada día, varias veces en un mismo día, durante dos años hasta que poco a poco el llanto se iba reduciendo, transformándose, convirtiéndose en un inmenso e íntimo dolor que llevo y llevaré siempre conmigo. 
La falta de mi hijo es infinita, su ausencia es dolorosa y jamás, jamás aceptaré este hecho. 
Es totalmente ilógico, falto de sentido, es la movida más sucia, más injusta y más cruel que la vida le juega a una persona.
Y por eso es que aún lloro tu ausencia mi Johan y sé que lo haré por el resto de mis días si no exteriormente, en lo más profundo de mi ser.
¡Jamás te olvidaré mi amado niño!

Inga kommentarer:

Skicka en kommentar