Hoy, un día de otoño, me decido a escribir sobre ti y para ti. Cinco años hace que no te veo, que no oigo tu querida voz, ni tu risa, que no siento tus abrazos.Tu amplia y hermosa sonrisa me hace falta, todo tú me haces falta, por eso hijo mío, hoy te busco, hoy te escribo...

torsdag 26 maj 2011

Me despierto hoy con el corazón pequeñito, como si se encogiera, con esa angustia de pérdida, quisiera no despertarme, pasar este día en un sueño profundo, este día que hace seis años nunca ha debido pasar...
Es además  jueves, un  jueves 26 con sol, un jueves de mayo, cuando todo está más hermoso, cuando todo acaba de renacer, cuando los colores, el aire y el sol son todos nuevos... con todo y eso fue un día así que a mi hijo le arrancó la vida el destino.
Yo no estaba lista, su papá no estaba listo, él no estaba listo, tenía su almanaque lleno de cosas por hacer, aún lo tengo. Mi hijo llegó al mundo prematuramente, tenía prisa por vivir, siempre muy activo, siempre haciendo algo.....como alcanzando a hacer todo porque se iba a ir también prematuramente... Tranquilo sin embargo, capaz desde pequeñito, de sentarse horas en un concierto, capaz de con curiosidad sentarse y escuchar con avidez la interesante conversación de los adultos, capaz de leer libros de cientos de páginas, de ver buenas películas, de hacer una tarea que le llevase horas..., le encantaban además los juegos de mesa, aprendió ajedrez e iba a competencias, aprendió a tocar piano, guitarra...
Yo no estaba lista, no estaba lista porque mi hijo estaba sano, lleno de vida, de vitalidad, de juventud.
Porque cómo ver un hijo con 18 años no sólo de vida sino de vitalidad, que viste salir un jueves 26 de mayo, soleado y hermoso a las 7 de la tarde, para que luego, a las 12 de la noche te anuncien así, del tajazo, tu hijo está muerto... y luego, verlo en una cama de un hospital, sin vida, sin vitalidad, en un segundo? No hay cerebro ni corazón que lo pueda asimilar ni comprender.
Un hijo que he llevado dentro de mí, que he cargado, que he ayudado y enseñado a comer, a caminar, a hablar bien, a leer,  a montar bicicleta,  a hacer tareas, a respetar la naturaleza y al ser humano, a tener valores,  a ser persona..., a todo eso que junto con su padre, le enseñamos. Un hijo que cuidamos como lo más preciado, que cuando se iba  en bicicleta al colegio o a su entrenamiento  yo lo veía desaparecer por la ventana y pensaba siempre, con un poco de angustia....que no le pase nada...Y que mirando de nuevo por la ventana sentía alegría y alivio de que ya estaba de vuelta...
Y ahora lo llevo de nuevo dentro de mí, no de la misma manera, llevo sus 18 años por dentro, todo lo que vivimos todo lo que me dio, con una tristeza enorme porque no me acostumbro a estar sin él, porque me hace una falta enorme. Johan y yo nos entendíamos muy bien, era mi hijo, mi compañero, mi amigo, me contaba sus dudas, sus problemas, hasta el último momento, así, a los 18 años se acostaba en mi cama y hablábamos, era nocturno, como su padre, como yo...Yo conocía a mi hijo al derecho y al revés, y lo doraba, me encantaba, era mi razón de ser, de existir...
Lloro inconsoladamente su ausencia, con la cara llena de lágrimas, lágrimas saladas y cálidas, haré hoy todo lo que tengo que hacer... porque yo sigo viviendo ...nunca lo hubiera imaginado...pero vivo? o es que me engaño y trato de vivir...

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