EN LOS SUEÑOS, LO IMPOSIBLE SE HACE POSIBLE
Anoche tuve un sueño.
Soñé que Johan estaba fuera, estudiando en otro país.
De pronto sentí una necesidad enorme de hablar con él, de contactarlo, de oír su voz.
Comencé entonces, de inmediato, a buscar su número telefónico y su contacto por whatsapp y no lo encontraba.
Por más que buscaba no lo encontraba y no podía entender cómo era que no lo tenía o que no podía encontrarlo.
Al momento llegó Peter y me dijo que él lo tenía.
Luego, de pronto, así como sucede en el mundo de los sueños, estaba Johan de repente ahí con nosotros.
Como cuando tenía dieciocho años, alto, delgado, con su pelo medio largo y hablaba con nosotros y él y yo nos abrazábamos, un abrazo largo, cariñoso, fuerte.
A Johan le gustaban mucho los abrazos y siempre nos abrazábamos.
Le pregunté cómo le iba con los estudios, muy bien, me respondió.
Y cómo hacemos para tu cumpleaños, el 30 (de enero).
No sé, dijo, no puedo ir, pero ustedes pueden venir a visitarme.
Y cuando vengan no vamos a ir al restaurante de la esquina, que no es bueno...
Y me desperté, me desperté con el abrazo de Johan, con esa sensación que no quisiera se desvaneciera nunca.
Anoche vimos Peter y yo una película con Tom Hanks y Meg Ryan, vieja, de 1993 y que yo he visto ya dos o tres veces: Sleepless in Seattle.
Cuando Sam, el padre encuentra a Jonah, su hijo, en el edificio Empire State, se abrazan muy fuerte.
Eso pudo haber sido la causa de mi sueño, ya que pensé en Johan.
Y mi sueño, mezcla de realidad y fantasía, adaptado a mi realidad y mi fuerte deseo de volver a ver a Johan, a abrazarlo y sentirlo, me lo trajo una vez más, porque lo sentí y lo viví como si hubiera sido real.
Así que anoche, hijo mío, estuvimos juntos de nuevo y algo imposible se hizo posible.
Gracias, mi niño por venir a abrazarme.
Siempre contigo.

Inga kommentarer:
Skicka en kommentar