La golondrina (Narciso Serradell Sevilla, médico y compositor mexicano)
A donde irá
Veloz y fatigada
La golondrina
Que de aquí se va
O si en el viento
Se hallará extraviada
Buscando abrigo
Y no lo encontrará
La golondrina
Que de aquí se va
O si en el viento
Se hallará extraviada
Buscando abrigo
Y no lo encontrará
Junto a mi lecho
Le pondré su nido
En donde pueda
La estación pasar
También yo estoy
En la región perdido
Oh cielo santo!
Y sin poder volar
Le pondré su nido
En donde pueda
La estación pasar
También yo estoy
En la región perdido
Oh cielo santo!
Y sin poder volar
Dejé también
Mi patria idolatrada
Esa mansión
Que me miró nacer
Mi vida es hoy
Errante y angustida
Y ya no puedo
A mi mansión volver
Mi patria idolatrada
Esa mansión
Que me miró nacer
Mi vida es hoy
Errante y angustida
Y ya no puedo
A mi mansión volver
Ave querida
Amada peregrina
Mi corazón
Historia de "La golondrina y Narciso Serradell" - Entre las canciones populares que más profundamente han penetrado en el corazón del pueblo mexicano, se encuentra la golondrina, melodía tierna y melancólica que ha llegado a ser el símbolo musical de las despedidas. Esta canción, tiene dos letras diferentes, la primera de las cuales atribuye el doctor Miguel Galindo, al poeta español "José Zorrilla" A donde irá, veloz y fatigada, La golondrina que de aquí se va... Para formar un acróstico con las primeras letras de sus versos, que dicen la dedicatoria de la poesía "Al objeto de mi amor". La otra letra, según dice Rubén M. Campos, la tradujo del francés el poeta granadino "Francisco Martínez de la Rosa" Aben Anmet, al partir de Granada, Su corazón desgarrado sintió;... En cuanto a la música, fue autor de ella: "Narciso Serradell Sevilla", hijo de Narciso Serradell, catalán de origen, y de Rosario Sevilla, mexicana. Nació en Alvarado, Veracrúz, el 25 de enero de 1843, y su vida fue interesante y novelesca, según lo asienta Manuel M. Ponce, su descubridor. Su carácter inquieto y su amor a las aventuras lo decidieron a fugarse en dos ocasiones del seminario, donde obligado por su madre iniciara estudios eclesiásticos. Pero su vocación por la música sí era inconmovible, y en el breve plazo de tres meses cursó todos los grados de solfeo, en el Convento de San Francisco. Al crecer un poco, Narciso rompió con su familia, abandonando definitivamente el convento para inscribirse como alumno en la Escuela Nacional de Medicina. Para ganarse la vida, por las noches trabajaba enrollando puros, y tocaba en los bailes, mientras que en el día estudiaba su carrera de medicina; pero la falta de recursos le impidió doctorarse. Entre los artistas de esa época se acostumbraba hacer reuniones o tertulias, en las que se hacían música y poesía. En una de esas sesiones llevó el mismo Serradel una traducción hecha del francés al español de los versos de despedida del Último abencerraje, versión de Martínez de la Rosa. En la misma tertulia se decidió abrir un concurso para ver quién ponía mejor música a los versos, en un plazo de veinticuatro horas, y a la siguiente noche se presentó Serradel con su música de La golondrina, que fue premiada inmediatamente. Serradel tenía entonces diecinueve años de edad, por lo que esto aconteció en el año de 1862. Según Luz María Serradel, Narciso era entonces un muchacho alto, de complexión sanguínea, pelo rubio rizado, expresivos ojos azules, de carácter afable pero un tanto irónico. Tenía una hermosa voz de barítono y tocaba todos los instrumentos de viento. Versificaba y componía música con asombrosa facilidad. Escribió mazurcas, danzas, polkas, canciones y en su última época, himnos patrióticos escolares. Poseía una biblioteca valiosa, de la cual hubo de deshacerse en las postrimerías de su vida, para vivir con su importe. "En mi juventud --decía entonces-, el contenido de mis libros alimentó mi espíritu, y ahora en mi vejez alivia mi cuerpo". Murió el 25 de octubre de 1910, y la oración fúnebre que se pronunció en día de su entierro, la produjo la escritora María Luisa Ross. En su juventud luchó por su patria, siendo un patriota que peleó contra los franceses, en el cerro de Loreto de la ciudad de Puebla, donde fue hecho prisionero junto con otros valientes, aquel inolvidable 5 de mayo. Fue sentenciado a destierro por los franceses, y a pesar de las gestiones que en su favor hicieron varios amigos, éste y sus compañeros fueron embarcados rumbo a Francia y despedidos precisamente con las notas de su canción, La golondrina, que ya se empleaba en las despedidas. A partir de ese día, puede afirmarse que la canción se consagró como la forma expresiva y sentimental de las despedidas. Tres meses después de haber sido confinados los desterrados, en el presidio de Clermont-Ferrand, fueron notificados de que su sentencia había sido anulada, por lo que podían regresar a México. Pero Serradel Sevilla prefirió permanecer en París, donde se mantuvo dando lecciones de español y de música. Allí se dedicó también a estudiar idiomas y medicina, y entre sus alumnas de español se contaba la vizcondesa de Dufresnelle, con quien tuvo un romance, muy comentado en su época. Para 1865, Serradel había regresado a México, viviendo en Tlalixcoyan, población del estado de Veracrúz, donde ejerció la medicina y el arte musical. Allí organizó varias orquestas típicas y una banda, siendo su discípulo predilecto Rodrigo Barcelata, padre de Lorenzo, el autor del vals María Elena. En 1869 casó con Telésfora González, y veinte años después se trasladó a la ciudad de México, donde se dedicó a la enseñanza de la música. (De Grial, Hugo. "Músicos mexicanos". México: editorial DIANA, S.A, 1971.)
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