Como una semillita te fuiste formando dentro de mí para luego retoñar, después de casi nueve meses, aquel frío amanecer del 87.
Llegaste a nosotros esa mañana de enero envuelto en ropas muy grandes, tu gorrito blanco cubría casi tus pequeños ojitos cerrados. Eras un precioso paquetito blanco y rosado, calentito, blando, muy suave, oliendo a caramelo y a vainilla.
Abrías los ojos y nos mirabas concentradamente desde tu lejana pequeñez. Nos sonreías entonces, los médicos decían "reflejos" , nosotros, "tiernas sonrisas" dedicadas a nosotros, a tus padres, lo sabíamos, lo sentíamos, cómo no saberlo si ese lazo que empezaba en mi vientre, crecería y crecería hasta la eternidad. Aún existe, ahí estará toda la vida, hasta el día en que nos reencontremos, tal vez en Tir
n´a Noir...
n´a Noir...
El encanto era recíproco, nos hipnotizabas con tus concentradas y silenciosas miradas, como si quisieras siempre decirnos algo. Nos deleitábamos con tus dulces sonrisas, con tus pequeños ruiditos, que aún no eran gorjeos, con el dulce olor que emanabas. Y tú, te sentías feliz con nuestras caricias, con nuestros tiernos besos y cuidados. El tiempo no existía, sólo tú. Los segundos, los minutos y las horas pasaban pero no para nosotros, mucho menos para ti. Nos regalabas
constantemente ternura y alegría y nos cargabas de una fuerza y energía inimaginable, por ti cambió el mundo, por ti, sólo por ti cambió nuestro mundo.
constantemente ternura y alegría y nos cargabas de una fuerza y energía inimaginable, por ti cambió el mundo, por ti, sólo por ti cambió nuestro mundo.
Tus manitas diminutas, al igual que tus piecesitos, todo tú, milagro en miniatura, eras dueño sin saberlo de un gran poder. El poder que ya ejercías en nosotros y que aún, aunque no estés aquí, sigue haciéndonos sobrevivir.
Duerme grandioso retoñito de sauce mío. Aún estás con nosotros. Descansa.
Inga kommentarer:
Skicka en kommentar